‘Escobar era un tipo seco, no lo vi reírse nunca’

En ‘Operación Pablo Escobar’, Germán Castro Caycedo revela detalles desconocidos del capo.

A través de titulares de las noticias de ‘El Colombiano’, de los años 70, Germán Castro Caycedo le preguntó sobre su vida a Escobar. Foto: Andrea Moreno
Operación Pablo Escobar, el libro más reciente de Germán Castro Caycedo, que ya va por la tercera edición, tienes sus orígenes en el año 2000, cuando el periodista se puso como reto volver a la reportería, para probarse a sí mismo, luego de fracturarse la base del cráneo en Moscú, cuando se dirigía al Polo Norte, detrás de una historia para su libro Candelaria.


“Estuve un mes en la clínica y quería hacer algún ejercicio mental para probar que no había sufrido lesiones graves. Entonces, hice la entrevista al mayor de la policía Hugo Aguilar Naranjo como ejercicio, la trascribí y la guardé”, comenta.

Hace poco, mientras revisaba sus archivos, Castro se encontró nuevamente con la entrevista y se dio cuenta de que no solo tenía total vigencia, sino que había revelaciones increíbles sobre el extinto narcotraficante Pablo Escobar, con el que, además, el autor se reunió cerca de 12 veces, con la idea de reconstruir su vida. Muchos de los detalles de esa reportería también los incluye en su nuevo libro.

¿Cómo eran esas reuniones con Escobar?
Cuando él estaba en la Cámara de Representantes le propuse que me contara su vida y aceptó. Pasaron unos años hasta que volví a contactarlo. Entonces, empecé a ir a Medellín para hablar con él. La clave era 7.12.20. Siete era la noche de las velitas, que para él era sagrada, 12, el mes de diciembre, y 20, no recuerdo ahora qué era. Me contactaba siempre un tal Faber y me decía: ‘esta vez – 7.12.20’, que quería decir ‘este viernes’. Yo me iba al ‘Inter’, allí me recogían y me reunía con Escobar, que como buen bandido no dormía, porque es el momento en que les echan mano; y a las 5 de la mañana él se iba a acostar y yo regresaba al hotel.

¿Cómo era Escobar?
Escobar era un tipo seco, no lo vi reírse nunca, hablaba muy pausado y todo el tiempo estaba buscando la manera de hacer el mal. Era impresionante, todo lo veía por el lado de la trampa, del engaño y especialmente de la eliminación de personas. Para él, el único camino que había era la eliminación.

¿Usted alcanzó a enterarse de que lo iban a matar?
Yo me encontré con el hijo de Escobar en el Hotel Tequendama, en donde estaba viviendo para terminar mi libro El hurakán. Un día salí y en el ascensor estaba la mujer de Escobar, la hija, el hijo y unos guardaespaldas. Acababan de llegar de Alemania, en donde no los habían recibido. Y el hijo me dijo que quería hablar conmigo. Entonces fuimos a tomar un café y me dijo: ‘Mire, yo estoy muy apenado con usted y le pido perdón’. Le dije: ‘¿Por qué?’ Y me dijo: ‘Porque mi papá lo mandó a matar a usted. La gente de él, para cobrar 30 millones que pagaban por cada golpe, le dijeron que usted era de la Policía y que lo iba a vender’. ‘¿Quién me iba a matar?’, pregunté. Y me dijo el nombre de la persona. Luego, como a los ocho meses, conocí a esa persona y le dije: ‘¿Usted me iba a matar, no?’. Se sonrió y me dijo: ‘Sí’. ‘¿Y con qué me iba a matar?’, dije. ‘Con una pistola 45’, contestó. Le pedí que me regalara una bala, entonces el tipo entró a un café y en el orinal descargó el arma y me regaló la bala. Yo la conservé un tiempo y luego la boté.

¿Temió en algún momento saber demasiado?
No, porque yo no grababa, yo escuchaba. No me dio miedo saber tanto porque Escobar tampoco entró a fondo en nada y no me iba a hacer ninguna confesión. Lo único que me dijo un día fue: ‘¿Cómo se llama esa frase que hay al principio de los libros?’. Le dije: ‘Se llama acápite’. Y al siguiente viaje, me dijo: ‘Le tengo el acápite para su libro: yo soy todo lo que quise ser: un bandido’. Que, además, es el título de la segunda parte del libro.

¿Qué otros detalles desconocidos revela?
La persecución de Escobar despertó una guerra en calles, plazas y barrios de Medellín y uno sabía que era muy grande, pero ya habiendo reunido todo, mientras hacía el libro, yo no creí que hubiera sido una guerra tan impresionante. Es que solamente saber que de los mil hombres del bloque de búsqueda, Escobar y su gente mataron a 600. Otro detalle es que sus sicarios usaban el famoso fusil AK-47. Según la Policía, a Escobar le capturaron, en cuatro años, 3.700 AK-47. Si usted piensa que el ELN hoy tiene 1.500 hombres, imagínese cómo fue aquella guerra y cómo eran los batallones de bandidos de Escobar. Al ver esto reunido, ya ve uno el volumen y las dimensiones de ese baño de sangre.