Tras las huellas del capo de capos

El editor Juan Vicente Martínez (izq.) y el autor Fernando Rodríguez-Zárate.
Si se creía que sobre las andanzas del capo del narcotráfico Pablo Escobar Gaviria ya estaba todo dicho o escrito, el libro El rey ha muerto, ¡que viva el rey!, escrito por Fernando Rodríguez-Zárate, prueba que aún hay mucha tela por cortar en la historia personal y pública del más despiadado asesino de la historia de Colombia. A través de una minuciosa documentación judicial y periodística, el autor se aventura a mezclar la realidad y la ficción, en un trabajo que recobra las claves inéditas de una época que marcó el destino del país.

Lo paradójico del libro es que su autor es un ingeniero electricista que, además de otorgarle tiempo a su profesión, desde sus días de universitario se ha refugiado en el mundo de las letras. La evidencia son sus múltiples artículos culturales, su coautoría en la obra de teatro Jaque al rey, exhibida a nivel nacional, y dos novelas que próximamente serán editadas: Por favor no me dejes y Los príncipes en las entrañas de los seres tenebrosos. Esta última es la segunda parte de su saga sobre la civilización maya, El encuentro de los príncipes.

El autor del libro, Fernando Rodríguez-Zárate, recibió el respaldo de Juan Vicente Martínez, editor del nuevo libro sobre Pablo Escobar, quien tiene también una trayectoria particular. Durante casi una década fue oficial del ejército español, pero se casó con una colombiana, llegó al país en 1994, primero desarrolló una guía gastronómica y después gerenció una sucursal de una compañía de telefonía móvil, hasta que se decidió por un sello editorial: Fractalia Ediciones. El libro sobre el capo constituye su tercera publicación.

Desde los tiempos de la guerra del cartel de Medellín, Rodríguez-Zárate empezó a guardar documentos y publicaciones sobre Pablo Escobar. Además fue tomando atenta nota de todos los libros publicados sobre el narcotraficante. Sólo le faltaba fortalecer los contextos para entender la cultura de los sicarios en una sociedad sin oportunidades o la connotación machista alrededor de un asesino protegido y venerado por su propio entorno. Una vez asimilado el panorama circundante, lo demás fue dar con un lenguaje contundente.

De esta manera, El rey ha muerto, ¡que viva el rey! se aventura a contar ciertos pasajes de la historia desde la perspectiva de uno de los lugartenientes del capo, así como desde el punto de vista de otros personajes de este terrible momento de la memoria nacional, para darle credibilidad a un documento que incluye muchas referencias periodísticas que le dan validez al relato. En últimas, el libro recobra la secuencia de la guerra desatada por el capo contra el Estado y la sociedad colombiana, pero con protagonistas de carne y hueso.

La lucha a muerte contra el tratado de extradición, la tragedia del Palacio de Justicia, el nacimiento del MAS, la historia inédita de la hacienda Nápoles, el asesinato de Luis Carlos Galán, la caída en serie de los sicarios principales de la organización o el protagonismo desplegado por la banda de ‘Los Pepes’ que dio al traste con Pablo Escobar: ninguno de los episodios determinantes del recorrido criminal del capo se queda por fuera. Sólo que la sugestiva forma que el autor tiene para contarlo constituye una novedad editorial, sobre todo ahora que la sociedad colombiana se está reencontrando con su pasado.

Redacción Cultura | Elespectador.com
Sept. 21 / 2012